Lo que no puede ser, no puede ser
Y además es imposible. En fin… ya os he contado alguna vez mi germanofilia futbolera, y os contaré hoy mi admiración y devoción por el Bayern de Munich. Me viene desde niño, desde que veía jugar en blanco y negro a aquel equipo de los Maier, Beckenbauer, Hoeness, Muller etc… les vi ganar tres Copas de Europa,y me comí años después las derrotas contra Aston Vila y Oporto. Y la terrible derrota con el Man U en el Camp Nou en el descuento. Luego vino otro título a los penaltis con el Valencia.
Son mi memoria histórica balompédica. Porteros como Maier y Pfaff. Centrales de leyenda como Linke o Koeller. Centrocampistas tremendos como Bassler o Efenberg. Y Rummenige (hoy presidente). Y Lothar Matheus. Y sobre todo mi gran favorito, la mejor pieza de ingeniería alemana aplicada al fútbol: Andreas Brehme. Por cierto, estos tres últimos fueron también jugadores del Inter de Milán.
Hoy son un equipo ramplón sin más valor que dos magníficos extremos, Robben y Ribery (que hoy no jugaba), y que, sinceramente, no tienen nivel para un partido como el de hoy. Aunque se han ganado a pulso y honradamente el estar ahí. Y me han permitido soñar con verles hoy ganar su quinta copa. Otra vez será.
Traslado hoy mi nostalgia a aquellos extraordinarios futbolistas que ya no juegan, a aquel precioso estadio Olímpico en el que ya no se juega, y a la emoción que siempre me produce ver a aquel amante del fútbol en aquel estadio. Bob Marley, que no pudo tocar en Atotxa, sí estuvo allí. Con el Beckenbauer del bajo, el Brehme del órgano y el clavinete y el Matheus de la batería. Un equipo extraordinario en un campo de leyenda. O un equipo de leyenda en un campo extraordinario, no sé.
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7 comentarios 23 mayo, 2010
