Archivos – 23 marzo, 2010

Recuerdos de Gay Mercader

El dominical del Grupo Vocento publicó antes de ayer un gran reportaje sobre Gay Mercader, el promotor pionero en traer grupos de rock a las Españas.

Esto es lo que el dominical dice de él.

«Hay que ver, teniendo en cuenta lo que he tomado en mi vida, ¡aún tengo buena memoria!» Gay Mercader suelta una carcajada. A punto de cumplir los 61, su sentido del humor mantiene un afilado toque cáustico, mientras rememora episodios de sus años más salvajes. Los tiempos en que se arruinaba una vez tras otra, mientras abría a patadas la mente y los oídos de los españoles a ritmo de rock’n’roll. «Me arruiné organizando el primer concierto de los Rolling Stones en España, el de Tina Turner, el de Iggy Pop, me prohibieron a Lou Reed, a Bob Marley… Me hacían putadas por todos lados, pero yo siempre mantuve mi convicción y seguí adelante.» Hasta hoy. Desde que organizó su primera actuación –Incredible String Band, 25 de mayo de 1973, si bien meses antes tuvo que cancelar a última hora uno de Black Sabbath– han pasado 37 años, aunque Mercader ya llevaba un tiempo intentando arrancar su negocio. «Me hubiera encantado traer a Hendrix, pero se murió en 1970 y, por aquel entonces, nadie me hacía caso. Mejor no doy nombres.» Muchos de sus desahogos incorporan una agridulce carga de satisfacción y cierto resquemor. Es comprensible viendo algunos de los malos tragos que tuvo que pasar. «En 1974, cuando traje a Frank Zappa, los grises cargaron directamente contra el público. Fui a hablar con el capitán de la Policía y el tío, ni caso, llevaba tapones en los oídos y se hizo el sordo. Yo era joven y, cuanto más me puteaban, más ganas me daban de seguir. España es un país con una memoria muy cortita, hoy se da todo por hecho, pero la gente no sabe lo que ha habido que pelear para llegar hasta aquí.»

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Y esto lo que Gay cuenta sobre Bob.

«Yo, como promotor con 37 años de experiencia, afirmo categóricamente que si Marley estuviese vivo y actuara, sería hoy la máxima estrella del planeta. Te llena el Bernabéu sin despeinarse con el público más heterogéneo que pueda existir. Irían todos. Su muerte, para mí, fue la pérdida más grande de la música en los últimos 40 años. Más que Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, Marvin Gaye o Kurt Cobain, más que cualquiera. Su sonido es de los más poderosos del siglo y nadie ha conseguido seguir su estela. Además, su imagen, junto con la del Che Guevara, es el gran icono de finales del siglo XX. Era un luchador, no cantaba baladas de chico triste que ha perdido el Cadillac en California.
»La gente en España tenía que ver a Bob Marley. Afortunadamente, tenía esta obsesión porque si me despisto se muere [tocó el 30 de junio de 1980 y murió el 11 de mayo de 1981]. Reventó la plaza de toros de Barcelona, 18.000 personas, creo, y en la calle había varios miles más. No sobró ni medio tique. Hubiéramos llenado un estadio dos años antes de que los Stones hicieran el primero en España, en el Calderón.
»Lo peor fue que Juan José Rosón, inefable ministro del Interior, consideró que Bob Marley era subversivo, que podía provocar desórdenes públicos, y nos prohibió el concierto de Madrid. Esto nos sitúa muy bien en el contexto de la época. Fíjate que hablamos de 1980 y el rock todavía se consideraba peligroso. Tuve que pagar a Marley por un concierto que no se celebró. Y nadie dijo ni pío, ni un solo periodista musical, nadie.
»El concierto fue apabullante. Te sientes una especie de elegido por haber estado allí. Bob Marley y los Wailers eran su música, no necesitaban parafernalias de ningún tipo ni un globito siquiera. La imagen que siempre me viene a la cabeza es el pelo de Marley. Ahora todo el mundo, hasta los blanquitos, llevan rastitas y tal, pero entonces nunca había visto nada igual. Me parecía que su cabeza estaba llena de barro y pensaba: ‘¡Qué coño lleva ahí dentro!’. Me pasé todo el concierto bailando como un poseso y alucinando con el pelo de Bob.
»Recuerdo que cuando hablabas con Marley nunca sabías muy bien a quién se dirigía. En escena entraba en trance, cantaba con los ojos cerrados y se movía como si estuviera sumergido en el interior de la música, como si fuera parte de ella, hipnotizado. También es cierto que no paraban de fumar marihuana, unas cantidades que no están escritas, como medio kilo por día. ¡Claro, es que fumaba hasta el apuntador! Pasé un buen rato en una habitación con todos los Wailers y no veas… era gente muy peculiar. Lo que no recuerdo es que hubiera mujeres a su alrededor, ni siquiera las coristas, a las que sólo vi en el escenario.
»En una ocasión anterior, les empezó a nevar en plena gira inglesa y los tíos le dijeron al promotor, que era amigo mío: ‘Esto es Jah, que quiere que volvamos a casa’. Cancelaron todo y se volvieron a Jamaica. ¡Imagínate!
»Me hicieron una de las peticiones más inusuales que me habían hecho hasta entonces. Querían alquilar la cocina porque, decían, su comida rastafari era un poco ‘especial’. ¡Qué coño! lo que hacían era echarle marihuana a todos los platos, como si fuera perejil. Y menos mal que entonces no había restricciones sobre fumar en las cocinas, que si no… [se ríe].»

tanatik@hotmail.com

23 marzo, 2010


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