Archivos – 11 mayo, 2008

Come from Trenchtown

No es fácil escribir un día como hoy. Ya os he preguntado cómo supisteis de la desaparición de Bob, os he contado cómo lo supe yo e incluso os invité hace un año a compartir conmigo la costumbre de escuchar “I know”.

Pero claro, un 11 de mayo no puedo retomar el blog como si tal cosa, y empezar con algo o continuar con lo que me queda de los músicos que acompañaron a Bob. De verdad que nunca me había comido tanto la cabeza para escribir una entrada. Pero ya sé lo que voy a hacer.

Hoy se cumplen dos terribles aniversarios: la desaparición de Bob y la sentencia contra los Wailers. Por ello, voy a transcribir aquí la parte final del capítulo y entrevista dedicados a Aston Barret en el impagable “Trenchtown reggae” de Helène Lee.

Todos asumimos la importancia de Bob en la internacionalización del reggae, y aplaudimos los honores, la mayoría póstumos, que recibió. Pero a veces los árboles nos impiden ver el bosque. Reflexionaba viendo el enlace sobre la grabación de Horace Andy que nos envió UHURU. Robbie Sheakspeare, Sly Dunbar, Robbie Lyn, Ansel Collins, Sticky y Skully grabando en Harry J el pasado año. El reggae está vivo, el espíritu rasta también, pero… ¿ha servido para algo en Trenchtown?

El mayor homenaje que se le puede hacer a Bob no es otro hacer justicia con la infinidad de música que ha salido desde aquel sitio. Ponerla en su auténtico lugar.

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“Desde hace algunos años, docenas de productores y artistas jamaicanos intentan hacer valer sus derechos ante la justicia francesa gracias al abogado parisino André Bertrand. De momento, de causa en causa, ninguno de los casos ha llegado a su fin. El dinero del reggae sigue esfumándose. Cualquiera puede registrarse como productor de las canciones no registradas, cualquiera puede vender licencias, sublicencias, sin que ningún distribuidor se moleste en verificar nada; y mientras la justicia francesa no exija a todas esas personas que se pongan al día y cumplan las reglas, Jamaica no recibirá ni un cñentimo de lo que le corresponde. Pasa como con el dinero del jazz: han tenido que pasar décadas para que algunos músicos reciban su dinero. Pero el jazz tiene un público distinto, más rico. Sin duda, los jueces franceses escuchan jazz, y sienten cierto respeto por sus creadores. Pero, ¿qué pasa con el reggae?

La buena noticia es que gusta a los niños. ¿Habrá que esperar a que esos niños se conviertan en jueces para que los derechos de los jamaicanos sean reconocidos? En todo caso, para Trenchtown será demasiado tarde.”

tanatik@hotmail.com

17 comentarios 11 mayo, 2008


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