Gabón hoy
Hace tiempo que dediqué una entrada a lo paradójico que resultaba (desde el punto de vista del fan de Bob Marley) constatar que el hombre que asesinó a Haile Selassie, el sanguinario Mengistu, gozara del asilo proporcionado en Zimbabwe por el gobierno de Robert Mugabe, que había recibido el expreso apoyo del rasta.
Hoy las andanzas del otro gobernante que llevó a Bob a tocar en África aparecen en periódicos de todo el mundo. Porque el caso es que, y descontando a algunos exóticos reyes, la retirada de la jefatura del estado cubano de Fidel Castro ha convertido en el decano de los gobernantes al peculiar Omar Bongo, presidente de la actual Gabón (cualquier día se llamará Bongolandia).
El país es el cortijo de la familia Bongo. Todo lo público y lo privado les pertenece. En un país con terribles problemas de miseria, su fortuna es apabullante. Ni siquiera la ocultan, los cientos de millones de dólares de los que disponen en bancos de Nueva York son una pequeña muestra de ellos. Todo es Bongo allí, hasta la ciudad donde nació se llama oficialmente Bongoville.

De entre las muchas excentricidades del viejo, hay una que se puede ver con cierto sentido del humor. Con voluntad de dar una imagen más presentable al país, el viejo Bongo decidió convertirlo en democracia, para lo cual tomó una brillante medida: nombrar jefe de la oposición a uno de sus yernos.
Pero los varios analistas que han escrito estos días sobre Gabón (lo cual no incluye a los españoles que simplemente han traducido periódicos extranjeros) están de acuerdo en una cosa. El casi octogenario Bongo ya no se encarga de gobernar, bastante tiene con presumir de sus hazañas sexuales que según él le mantienen en la eterna juventud.
El poder real ya no está en sus manos. La familia tiene un capo que gobierna con mano de hierro el país, la familia, los militares y los negocios, el auténtico señor de vidas y haciendas en el país: su hija Pascaline.
Prometo investigar el tema.
tanatik@hotmail.com
7 comentarios 6 marzo, 2008
