Bragga. 2
Intersantísimo el comentario el comentario de Raymon I&I sobre su experiencia con Al Anderson. Pero yo me voy a referir a su primera frase. Porque es cierto que en el libro de Helene Lee se habla de Braggah (hay otro libro en el que también, y lo dejo para el final). Hay todo un capítulo dedicado a un recorrido en taxi con él, en el que habla de Bob y de cómo era aquello por entonces. Hoy me referiré a una anécdota de coches, de esas que ya hay varias por aquí. Transcribo literalmente.
“El tipo vendía su carro por diez mil dólares. Un bonito carro, te lo aseguro. Llegamos a su casa y el tipo dice que si Bob quiere probar el coche, su hijo le acompaña. Yo no voy, me quedo charlando con él; imagínate, dos rastas en el coche con su hijo, el tío se habría acojonado. Bob era muy joven, pero yo sabía que podía confiar en él, le conocía muy bien, era un chaval que no iba con los críos de su edad, sino con los mayores, al que le gustaba escuchar, se notaba que era un chico inquieto, que quería aprender… De hecho, el coche había tenido un accidente, le habían dado un golpe en el chásis, y por eso el tipo nos lo quería enchufar.
¡Bob se dio cuenta conduciendo! Al volver, habla un poco con el tipo, le ofrece cinco mil dólares, el tipo quiere más, lógicamente, de diez a cinco mil… Yo estaba furioso. ¡Un coche tan guapo! Yo no sabía cuál era el problema, entiendes, así que puse mala cara y dejé que Bob caminase delante, haciéndole notar que estaba enfadado… Al llegar a Molynes Road, después de bajar por el canal, Bob baja la cabeza y se echa a reír… me acerco y le digo que qué pasa. Y él me dice que el carro ha tenido un accidente. ¡Si nos lo quedáramos tendríamos muchos problemas!
tanatik@hotmail.com
Dejar un comentario 5 octubre, 2007
